En esta ocasión, tenemos el honor de entrevistar a nuestro socio Pablo Pagán, el director y creador de Voyager, un cortometraje que ha capturado la atención del mundo del cine y ha sido preseleccionado para los Premios Goya 2025 en la categoría de mejor cortometraje de ficción. Voyager, producido por ESCAC Films, combina elementos de neo-noir y fantasía para llevarnos en un intenso viaje introspectivo a través de los ojos de su protagonista, Camila, quien descubre un misterioso fármaco que le permite experimentar la vida fuera de su cuerpo físico. Este proyecto ha resonado tanto en festivales internacionales como Screamfest en Los Ángeles y el Brussels International Fantastic Film Festival, consolidando a Pagán como una de las promesas emergentes del cine español.

Pablo, ¿qué te inspiró para crear Voyager y explorar la idea de abandonar el cuerpo físico a través de un “viaje astral”?

Pablo: Originalmente la idea para Voyager vino a través de un relato corto que leí hace mucho tiempo. Pese a tener una óptica muy diferente, me fascinó el concepto de los viajes astrales en la narrativa cinematográfica. Me dió la sensación de que era un concepto en el imaginario colectivo que estaba infrarrepresentado en el cine, y lo vi como un punto de partida muy interesante para una historia.
Partiendo de esa base, el guión dió muchas vueltas hasta acabar en la mezcla de géneros que acabamos teniendo. Inicialmente, me llamaba la atención traer un elemento sobrenatural a un noir tradicional - hacer una historia de detectives con un crimen imposible en el centro. El personaje de Camila vino por sí solo. Para mi este tipo de historias de un personaje corriente que accede a lo sobrenatural siempre me acaban llevando a un antihéroe, o a un arco de corrupción. Creo que es mucho más interesante explorar este tipo de conflictos humanos desde un prisma oscuro - como la impunidad potencia el lado oscuro de las personas.

La ambientación en el mundo de las fiestas clandestinas y el personaje de Camila son únicos. ¿Cómo desarrollaste a este personaje y el ambiente que la rodea?

Pablo: Desde el momento que empecé a darle forma al personaje de Camila, tenía claro que quería narrar la historia de una joven antisocial y recluida que, a través de los viajes astrales, encuentra la forma de salir de su aislamiento y explorar el mundo más allá de su burbuja. Irónicamente, para que Camila encuentre su lugar en el mundo, necesita despojarse de sí misma. En esto radica la tragedia del personaje: ¿cómo podemos abrazar y preservar aquello que nos hace humanos en una sociedad que ya no valora la humanidad? A través de Camila y su mundo, quería reflejar una desconexión generalizada que veo cada vez más creciente en nuestra sociedad, especialmente en mi generación.
En cuanto al submundo de las fiestas clandestinas en las que convive Camila, me parecía muy importante que los viajes le permitieran acceder a un mundo opuesto a ella misma. A las personas nos atrae generalmente lo que es diferente a nosotros, a lo que sentimos que no podemos pertenecer. En este caso, quería contrastar la actitud aséptica de Camila con lo lascivo y hedonista. El llevarlo al camión creo que busca antropomorfizar el concepto de las fiestas, hacer del camión una extensión del personaje - una coraza que la separa del mundo que anhela. También siento que aporta mucha riqueza a una historia el crear un entorno único, algo que no se ha visto antes. Para mi, crear desde cero esta subcultura fiestera en camiones adaptados era caracterizar el mundo del corto y darle un giro de tuerca. Por último, creo que no podría catalogar Voyager como un noir sin tratar la idea de la metrópolis, de la gran ciudad y lo que esconde en sus fondos. La idea era traer este imaginario colectivo a España, ver cómo funcionarían en nuestras ciudades estos submundos que tantas veces hemos visto en Los Ángeles, Tokio o Nueva York.

Voyager ha tenido una gran acogida en festivales internacionales. ¿Cómo ha sido la experiencia de recibir tan buena aceptación en el extranjero y qué expectativas tienes con los Goya?

Pablo: La verdad es que todo el equipo seguimos un poco sin creernos el recorrido que sigue teniendo el corto. Voyager empezó como un trabajo universitario, en el que todos nos volcamos al 100% para hacer un cortometraje del que nos sintiéramos orgullosos sin grandes aspiraciones. Una vez acabado, no teníamos ni idea de cómo iba a funcionar, siendo un corto tirando a largo y con una mezcla de géneros poco ortodoxa. Honestamente, no podría estar más contento de la recepción que ha tenido.
Curiosamente, ha funcionado especialmente bien a nivel internacional, sobre todo en Estados Unidos. Desde mi punto de vista, las temáticas que trata el corto (alienación social, búsqueda de conexión, etc...) conectan especialmente bien con la sociedad americana, creo que muchas de las problemáticas están exacerbadas en las ciudad americanas y es por ello que ha tenido una enorme acogida ahí.
En cuanto a los Goya, fue una ilusión enorme ver nuestro nombre en la lista, acompañado de algunos de los mejores cortos que he visto en este último año.
Ha sido un recorrido cuesta arriba el llevar un cortometraje de estudiantes, y de género hasta la shortlist, y no podríamos estar más contentos de haber llegado. Es un proceso muy nuevo para mí, y estoy tomándolo como un aprendizaje y una primera incursión en todo este mundo. Evidentemente, nos haría una enorme ilusión llegar a la nominación, y tanto desde la productora como la distribuidora estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para hacer llegar el corto a la mayor gente posible estos meses.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaste al realizar este cortometraje, tanto en términos técnicos como narrativos?

Pablo: A nivel narrativo, sin duda alguna el arco del personaje y sus motivaciones fueron lo que más quebradero de cabeza me llevó. Es difícil encontrar un balance con un antihéroe, corromperlo sin perder la empatía. Creo que Ana, la actriz protagonista, supo traer un punto de inocencia y dulzura que redime al personaje durante gran parte del corto.
A nivel logístico, sacar adelante el proyecto fue un desafío gigantesco. Como siempre, la financiación fue toda una pesadilla de conseguir - en parte porque desde fuera, el proyecto parecía imposible con el minúsculo presupuesto que teníamos. Tuve muchísima suerte de rodearme de un equipo increíble, que confiaron desde el principio en la idea y en mí para llevarlo a cabo, dejándose la piel en sacarlo adelante. El equipo del corto, además, era íntegramente estudiantil. Meternos en un proyecto tan logísticamente exigente, en el que gran parte de las experiencias eran una primera vez para todos, fue tremendamente drenante, pero muy bonito a la vez.
En los meses de tira y afloja hasta poder materializarlo, te acabas replanteando si realmente merece la pena lo que estás haciendo. Pero como cineastas, creo que tenemos que tener este componente kamikaze de desafíar las probabilidades y jugárselo todo por los proyectos que quieres contar.

Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría que el público se llevara después de ver Voyager?

Pablo: Por mi parte, espero que la gente disfrute del cortometraje. Ya sea como entretenimiento o por haber conectado con los personajes o la situación que presenta, espero que la gente salga de la sala con un poco más de lo que entró.
Pese a tener una narrativa muy frenética y poco lineal - y se pueda hacer difícil de seguir a veces, a final de cuentas se trata de una historia muy humana y universal - cómo intentar encontrar nuestra humanidad puede acabar por destruirnos.
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