El cortometraje Perder, dirigido por nuestro socio Rubén Guindo Nova, aborda la problemática contemporánea de la adicción a las pantallas en la infancia y adolescencia. Con una narrativa impactante, la obra ha sido seleccionada entre los finalistas para los Premios Goya 2025 en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción. Además, Perder ha sido incluido en proyectos educativos para concienciar sobre este tema en centros escolares.

¿Cómo fue el proceso de escritura junto a Nuria Cabezas para plasmar esta problemática de manera efectiva en solo nueve minutos?  

Me encanta escribir con Nuria, porque es verdad que yo soy un poco caótico, y a veces puedo tener ideas o premisas interesantes, pero a las que hay que darles forma de manera profesional, y ahí es donde Nuria es una experta. Siempre encuentra la manera perfecta de plantearlo y contarlo todo. En este caso teníamos claro que queríamos hacer algo “muy corto” porque nos enfrentamos también a ese gran problema actual del consumo impulsivo de contenido, y de la inmediatez, entonces queríamos que Perder también tuviera ese ritmo para intentar trasmitir mejor el mensaje.   

¿Qué desafíos enfrentaron al condensar un tema tan complejo en un formato corto? 

Tardamos bastante tiempo en darle una forma definitiva al guion porque es verdad que era muy difícil sintetizar todo en tan poco tiempo, pero teníamos grabado a fuego cuando escribíamos que esto tenía que ser prácticamente como una partida de un videojuego, y que todo tenía que tener un ritmo frenético. El propio guion ya era bastante estresante. 

El cortometraje fue rodado en San Sebastián de los Reyes. ¿Qué importancia tuvo esta localización en la narrativa? 

Gran parte del equipo de este proyecto somos de esa localidad y teníamos más facilidad para encontrar y buscar las localizaciones, sobre todo la casa que tenía que tener algunas peculiaridades, porque a mí personalmente no me gusta rodar en plató, y siempre intento en la medida que se pueda rodar en localizaciones naturales, y además en este caso el ayuntamiento nos dio varias facilidades con los premisos.  

Cómo lograron financiar el proyecto y qué apoyos recibieron durante la producción? 

Lamentablemente no conseguimos ayudas institucionales, así que lo sacamos adelante gracias a una campaña de crowfunding, y a un premio que ganamos de la Comunidad de Madrid con nuestro anterior proyecto. Una, y mil veces, gracias a todos los mecenas.

Perder ha sido seleccionado en más de 80 festivales y ha recibido 15 premios. ¿Esperabas esta acogida por parte de la crítica y el público? 

Pues la verdad que no sabíamos muy bien que recepción iba a tener el corto porque teníamos claro que nos metíamos en terrenos complicados por la propia temática. Si de algo nos dimos cuenta ya desde el desarrollo del proyecto fue de que a casi nadie le gustaba que le tocarás del tema del móvil porque se lo tomaban siempre como a lo personal. En estos últimos tiempos parece que la gente ya se va concienciando un poco más, pero hace 3 años nadie quería hablar de ello.  Pero desde el primer momento la respuesta fue increíble por parte de los festivales. No creíamos que pudiéramos llegar al festival más importante de Dinamarca, calificador de los Oscars, al festival de Málaga, o que estuviéramos ahora mismo en la carrera por los Goya.   

¿Qué comentarios o reacciones te han sorprendido más tras las proyecciones? 

El impacto en el público suele ser muy fuerte. Es un cortometraje muy frenético que te deja pegado a la silla, y que te da una buena dosis de realidad, por decirlo suavemente. Hay un momento muy clave en el corto y siempre me encanta ver las reacciones del público, e incluso en algunas proyecciones, madres y padres con hijos muy pequeños se han llegado a salir de la sala debido al agobio que les estaba provocando el corto. Es un tema que apela mucho a la infancia y a la vida en familia, y es muy fácil verse reflejado, por eso muchas veces decían que este corto es “el terror de lo cotidiano”.

El Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes ha incluido Perder en un proyecto de sensibilización sobre la adicción a las pantallas en centros educativos. ¿Cómo surgió esta iniciativa? 

Con nuestro anterior cortometraje “Cómplices” que trataba el acoso escolar hemos realizado un proyecto muy interesante por aulas de todo el estado, y el resultado ha sido muy satisfactorio. Cuando varias personas técnicas del ayuntamiento, y asociaciones, vieron este nuevo corto no lo dudaron, y me lo volvieron a proponer, y el resultado y las primeras impresiones están siendo muy positivas. 

¿Qué esperas lograr al llevar el cortometraje a las aulas y qué mensaje deseas transmitir a los jóvenes? 

El cortometraje se adapta muy bien a las aulas y al lenguaje actual al ser solo 9 minutos y dar pie a muchas temáticas dentro de lo que es la propia adicción a los dispositivos móviles. En mi caso intento hablar con la juventud sin condescendía ni paternalismo, y hablarles de mi propia experiencia, y de todos los peligros reales que conozco de primera mano que pueden traer las redes sociales. Y sobre todo hablarles de la cantidad de horas que pueden llegar a perder con el móvil, y que pueden emplear en cosas más interesantes y productivas.

Como cineasta, ¿qué te ha aportado la realización de Perder en tu carrera y desarrollo profesional?

 Para mi este proyecto era todo un reto por varias razones. Era mi segundo cortometraje profesional, y después del increíble recorrido que había tenido mi primer corto pues tenía esos miedos y esas inseguridades que supongo que siempre nos persiguen a los realizadores, aunque todo eso se fue disipando muy pronto. Y luego por otro lado, era el reto de trabajar con un bebé, con una escena que era bastante compleja, y luego con esa complicación añadida de realizar e incluir toda la parte de animación a posteriori para fusionarlo con la ficción en el montaje, pero ha sido todo un proceso de aprendizaje, y luego un camino lleno de alegrías y reconocimientos. 

Tras el éxito de Perder, ¿tienes nuevos proyectos en mente que aborden temáticas sociales similares? 

Hace justo dos meses terminamos el rodaje de nuestro nuevo corto “893 KM” que es una historia real que sucedió en los 90 y que tiene un importante trasfondo social que no podemos desvelar todavía. Y estamos ya en pleno proceso de desarrollo de nuestro nuevo proyecto “Montecarlo 67” que es otra gran historia real ocurrida en los años 60 en un festival de cine y que tiene un mensaje muy importante para nosotros, que es el tema de la competitividad dentro del mundo del cine. Para nosotros el cine no puede ser una constante competición, si no, un proceso total de creación, cultura, valores y compañerismo.  ¡Muchas gracias!

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