El cineasta sevillano Antonio Cuesta ha cautivado al público y la crítica con su cortometraje La noche dentro, un intenso drama-thriller en plano secuencia que aborda de manera desgarradora los problemas sistémicos que afectan al sistema sanitario. Con 24 minutos de duración, la obra destaca por su capacidad de denunciar las tensiones a las que se enfrentan los profesionales de la salud y las devastadoras consecuencias de un sistema fragmentado y sobrecargado. Su representación visceral y comprometida ha sido reconocida en varios festivales, incluido el Festival de Cine de Sant Joan d’Alacant, donde ganó el Ficus de Oro y Clare Durant recibió el premio a Mejor Interpretación. Hoy, La noche dentro figura en la preselección de los Goya 2025.

Antonio, La noche dentro explora temas tan delicados como el colapso del sistema sanitario y la presión extrema sobre sus profesionales. ¿Qué te inspiró para contar esta historia?


    Recuerdo que me sensibilicé con todas esas manifestaciones a favor de la sanidad pública porque entendí que no eran caprichosas, sino que provenían desde un lugar doloroso y terrorífico de experiencias negativas tanto de sanitarios como de pacientes. Es interesante intentar transformar esa furia en arte y provocar conversaciones. Al fin y al cabo, estamos hablando de la vida humana.

    • La narrativa se centra en Belén, una enfermera que enfrenta tanto una agresión como una acusación injusta. ¿Cómo construiste este personaje y cómo trabajaste con Clare Durant para transmitir su lucha interna?

    Al principio no tenía claro quién debía protagonizar la historia. Pensé en una especie de secretaria o administrativa que se comunicaba con un paciente indignado por teléfono. Pero, cinematográficamente, resultaba una opción muy obvia y pasiva. Yo quería acción y conflicto y ahí me di cuenta de que el personaje sanitario por excelencia que vive en la lucha diaria es el enfermero, que va por los pasillos, entre los pacientes, de sala en sala, en contacto directo. Lo interesante de Belén es que marca el punto de vista del espectador, que va descubriendo lo que pasa al mismo tiempo que ella y tiene que creer en ella.

    Con Clare fue muy fácil trabajar porque ella es tan emocional como técnica. Eso la convertía en la actriz ideal para interpretar a Belén porque la puesta en escena del corto, que nos obligaría a repetir una y otra vez hasta que saliese, no podía resultar agotadora para ella. Traté de explicarle a Clare todo lo que quería lograr de la mejor manera posible. El día antes de rodar hicimos un ensayo. Clare propuso pequeños cambios que tenían que ver, sobre todo, con el movimiento del personaje y su mirada. El personaje resultaba mucho más orgánico. Y, por supuesto, acepté. Es una persona muy inteligente.

    Hay cosas que se quedaron por el camino, no sólo con Clare sino con otros intérpretes y también con otros miembros del equipo, pero no sentí la necesidad de decir “Corten” a pesar de que lo que pedí no terminó ocurriendo. Cuando diriges, aprendes a condescender, a entender que la perfección no existe. Y eso me gusta mucho de este corto. Tiene un gran valor artesanal.

    • El film utiliza técnicas visuales y sonoras que intensifican la tensión, como planos secuencia y sonidos fuera de cuadro. ¿Cómo abordaste estas decisiones estilísticas desde la dirección?

    Creo que las abordo como director porque antes he sido espectador. He tenido muy presentes dos películas mientras planteaba visualmente el corto. Una es Rosetta (1999) y la otra es El hijo de Saúl (2015). De la primera me gustaba la capacidad de resistir de la protagonista. De la segunda, la sensación de alienación, de cómo lo que ocurre al fondo o fuera de cámara también está contando la historia. He intentado combinar lo que ambas me provocaban. El ritmo cinematográfico, y a eso me ha ayudado mucho nuestra montadora, Ro Menéndez, no sólo tiene que ver con el corte frenético de plano a plano, como pasa en Anora (2024) o las películas de los Safdie, sino también con lo que está pasando cuando la cámara está quieta. Hay detalles calculados para que eso ocurra y el espectador no se aburra, como cuando al principio la auxiliar de enfermería unta la pomada a Belén o cuando en la farmacia están esperando a que el vigilante de seguridad llame a los sospechosos.

    • El cortometraje no solo denuncia las fallas del sistema sanitario, sino que también pone en evidencia la fragilidad humana y la búsqueda de justicia. ¿Qué mensaje esperas que resuene más entre el público?

    Sí, ese es el núcleo de la historia. El sistema sanitario es el envoltorio para hablar de la fragilidad humana, no sólo por la muerte de un niño sino por el “fallo” de una enfermera. Las fallas del sistema sanitario no existen como un ente flotante extraterrestre. Tienen que ver con nosotros como ciudadanos, con los políticos que elegimos y consentimos como líderes y gobernantes. Ese aspecto social a veces nos cuesta pero estamos obligados a vivir en él porque no podemos existir sólo con nosotros mismos. Y tenemos que hacernos preguntas. El cine que me gusta las plantea, sin necesidad a veces de responderlas. Preguntar ya es un logro.

    • La noche dentro ya ha tenido una notable recepción en festivales y ahora está preseleccionado a los Goya. ¿Cómo ha sido este recorrido para ti y el equipo?

    Ha sido increíble a pesar de que muchos festivales no quisieron seleccionarnos al principio de nuestra distribución. Nuestro estreno mundial tuvo lugar en el Festival de Sevilla. Fuimos el último corto en proyectarse y, al terminar los créditos, alguien gritó “¡Bravo!”. Se encendieron las luces y el público se puso en pie. Fue una noche muy especial para mí y para todo el equipo. Como soy de Sevilla, entendí esa reacción porque jugábamos en casa pero el tiempo me ha demostrado que me equivocaba. El corto resuena incluso en países donde no se habla español. Hemos estado seleccionados en festivales muy prestigiosos como BogoShorts, Busan, Guadalajara, Lille, St. Louis… Nunca antes había alcanzado este nivel industrial con un cortometraje.

    La preselección a los Goya llega, como sabréis este año, por un sistema de puntuación objetivo en base al recorrido por festivales. Para mí es muy emocionante ser considerado. Ya me pasó el año pasado con mi anterior corto, La vida entre dos noches, aunque aquella temporada de premios fuera un tanto salvaje por la alta competencia que había y unos criterios algo caóticos con la supresión de la ‘shortlist’. Éramos unos 90 cortos si mal no recuerdo. Ahora estoy feliz, ilusionado, trabajando para que muchos académicos conozcan el corto y lo vean. Repito: Quiero que lo vean.

    • Tu obra aborda realidades muy actuales, como el aumento de agresiones a profesionales sanitarios en España. ¿Cómo ha sido la respuesta del público, especialmente de aquellos que trabajan en este sector?

    Muchos se han acercado a darme las gracias porque, sin llegar al extremo de Belén, han vivido situaciones parecidas y conectan de una manera especial. En esos momentos yo me siento la persona más feliz del mundo. Su opinión es muy importante porque pertenecen al universo en el que ocurre la historia. Recuerdo que, en uno de los festivales, los padres de una enfermera se acercaron a decirme que estaban aterrados al pensar que eso podía ocurrirles a su hija. Con “eso” no sólo se referían al error con el paciente sino a todas esas acusaciones y humillaciones de los compañeros de trabajo…

    • Hablemos del rodaje: ¿Qué retos enfrentaste durante la producción de una historia tan emocionalmente cargada?

    Esta obra ha traído retos de muchos tipos. Sostener durante muchos años el deseo de contar esta historia, con un solo plano, ha sido muy complicado. Al principio tuvimos problemas de desarrollo de guion, conseguimos, perdimos y recuperamos la financiación, perdimos localizaciones, intentamos grabar en un hospital real, tuvimos que aplazar el rodaje por la pandemia… Las cuestiones no eran tan físicas como mentales. Había que saber soportar todo eso, saber esperar…

    El rodaje para mí fue muy complejo porque decir “Acción” y “Corten” era muy caro. Había que tener las cosas muy claras y, al mismo tiempo, dejar la ventana abierta a los pequeños milagros y que los intérpretes no parezcan robots. Tengo la suerte de contar con un ayudante de dirección extraordinario, Pablo Limón, que coordina a un equipo extraordinario que me escucha, me propone y me ayudan. Todos reman a favor. Yo me dejo guiar por ellos y tratamos de llegar a acuerdos. Con muchos llevo trabajando desde el primer corto, como el jefe de sonido Alonso Velasco o la actriz Mila Fernández Linares. Creo que eso es muy importante.

    El ensayo y el rodaje tuvieron lugar durante dos madrugadas en abril de 2023. Rodamos diez tomas, con cuatro completas y dos válidas. La toma elegida es la última en rodarse, a las siete de la mañana, con los pájaros piando en las ventanas y los camiones de basura acercándose. Después de tanto esfuerzo mental, al día siguiente necesitaba algo físico. Así que me fui a fregar la localización y a ayudar a desmontar al departamento de arte, a los eléctricos y a producción.

    • Con la preselección para los Goya, ¿cómo planeas seguir impulsando la difusión de La noche dentro y su mensaje?

    De muchas formas. El corto ya está en Filmin, por ejemplo, y estamos recibiendo comentarios muy positivos. Tenemos pases para académicos el 30 de noviembre y el 2 de diciembre en la Academia. Y luego estaremos en algunas salas de Madrid, como Cines Embajadores, durante el mes de diciembre. Y seguimos por festivales, como BogoShorts, y otros premios anuales, como ASECAN.

    • Este no es tu primer trabajo en el cine, pero parece marcar un punto importante en tu carrera. ¿Qué viene después de La noche dentro?

    Si todo sale como deseo, mi primera película: Cuidado. Está basada en La vida entre dos noches, mi anterior cortometraje. Actualmente estamos en fase de desarrollo, reescribiendo el guion y en conversaciones con productoras.

    Finalmente, ¿qué significa para ti como cineasta el reconocimiento de los Goya y el impacto que tu obra está generando?

      Como cineasta español significa mucho para mí. Supongo que reconocimiento e impacto van de la mano porque cuando pasan estas cosas es porque has llegado a la gente: Se valora tu trabajo, se vota, se aplaude, se da un lugar… Luego está la parte de ilusión, que es un gran motor. De pequeño veía las galas de los Goya, con Rosa María Sardá como maestra de ceremonias, y pensaba… ¿Y si algún día estoy ahí? ¿Y si algún día puedo conocer a todos esos artistas a los que tanto admiro y que tanto me han acompañado en la vida con sus historias?

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