En las últimas dos décadas, el cortometraje español ha experimentado un crecimiento espectacular, posicionándose como un referente en el panorama cinematográfico internacional. A diferencia de los largometrajes, los cortos españoles han conseguido más nominaciones al Oscar y han ganado numerosos premios en festivales internacionales, destacándose por su capacidad para contar historias potentes y universales en un formato breve.
Este auge ha sido impulsado por una nueva generación de cineastas innovadores, entre los que destaca Álex Lora, director de La Gran Obra. Este cortometraje ha cosechado el Premio del Jurado en el prestigioso Sundance Film Festival y ha sido seleccionado en muchos festivales calificadores para los Oscars, además de haber ganado al menos tres de ellos. Desde la Coordinadora del Cortometraje Español, hemos tenido el honor de entrevistar a Lora para conocer más sobre su experiencia, su visión del cortometraje y los retos que enfrenta este formato en España.
El éxito de ‘La Gran Obra’ y el futuro del cortometraje español
Coordinadora del Cortometraje Español: Alex, con tu cortometraje La Gran Obra has ganado el Premio del Jurado en la última edición del Sundance Film Festival, y has sido seleccionado en multitud de festivales calificadores para los Oscars, lo que representa un logro extraordinario para el cine español. ¿Qué significa para ti este reconocimiento y cómo crees que contribuirá al fortalecimiento del cortometraje español como potencia mundial?
Álex Lora: La verdad es que estamos muy felices de que el cortometraje esté funcionando tan bien y ojalá que podamos llevarlo a lo más alto. Conseguir una nominación a los Oscars sería una locura, un sueño imposible, pero lo estamos intentando. Llegados a este punto, te das cuenta que no sólo es importante la calidad de la obra, sino que hay muchos otros factores que juegan un papel decisivo, como las alianzas, patrocinios o el trabajo de las agencias de relaciones públicas. Todo eso cuesta bastante dinero y muchas horas de trabajo que suelen recaer sobre la figura del director. Creo que se podría hacer mucho más por el corto español en general, desde las instituciones y desde el establishment del cine español, con el apoyo o apadrinamiento de obras por parte de famosos consagrados internacionalmente, como hacen los americanos ,sumándose como EPs para que el corto llegue más lejos, por ejemplo, o incluso por parte de las distribuidoras, incorporando cortometrajes como teloneros de otras películas, como se había hecho, o animándose a programar en cines una compilación de 7 u 8 cortos españoles que estén yendo muy bien durante el curso. Luego hay productores que hacen lo que pueden dentro de la precariedad y otros que se piensan que producir significa usar el dinero de las ayudas públicas para que se ruede el corto y ya está, tirando de un equipo y elenco que trabaje gratis, sin tener en cuenta ni un plan de distribución ni de márqueting, que requiere tanto o más trabajo y dinero que lo que ha costado el corto hasta apretar el botón de exportar el máster. Tampoco quiero culpar a los productores en general, porque hacen lo que pueden con el dinero que consiguen, y recibir más apoyo en esta segunda etapa de la vida del corto por parte de instituciones, canales, distribuidoras o inversores, pues sería de gran ayuda. De todos modos, es una lucha contra los elementos que el cortometrajista asume y para mí el reconocimiento significa, por una parte, sentirse orgulloso de un equipo, y por otra pues me ayuda a creer y a seguir trabajando e invirtiéndole horas y recursos. Sobre cómo creo que este éxito influirá en el reconocimiento del cortometraje español a nivel mundial, pues no estoy muy seguro, espero que ayude a seguir posicionándonos, pero sobre todo pienso que nos inspiramos los unos a los otros y nos empujamos a seguir trabajando. Cuando ves que un corto está bien hecho y llega lejos, pues te alegras por el equipo y a la vez te animas a hacer algo que ojalá esté tan bien como lo que has visto, o por lo menos, esa es mi opinión. Al final crecí haciendo cortos de manera naif, inspirándome en unos referentes, y en el mundo del corto pues eran casi todos españoles. Luego incluso a algunos de ellos me los iba encontrando en el circuito de festivales, y es ahí cuando te das cuenta que quizás sí es posible seguir creciendo, e incluso hacer hasta un poquito de ruido, por qué no, pese a la precariedad.

El impacto de Sundance y otros festivales en la carrera de un cineasta
CCE: A lo largo de tu carrera, has tenido varios cortometrajes seleccionados en Sundance. ¿Cómo ha influido este festival en tu desarrollo como cineasta?
Lora: Así es, he tenido la suerte de tener tres trabajos en Sundance, pero muchísimas más negativas, que supongo que es lo que no se sabe. Hay quien debe pensar que ya soy como un “enchufado” del festival, pero quiero pensar que no es así. Aunque por otro lado es una tendencia, el hecho de que los festivales apoyen el talento que descubren. En mi caso, la primera vez que me seleccionaron en Sundance fue porque se alinearon los astros, pues para ser honesto ni siquiera quería hacer ese corto: “Odysseus’ Gambit”, un ejercicio documental para el máster en el que estudiaba en Nueva York, al que había llegado con una beca Fulbright, huyendo un poco de la crisis económica de 2009, y con algunos de esos otros referentes en mente de los que hablaba, como Sánchez Arévalo, León Siminiani o Martín Rosete, que pasaron por Nueva York antes que yo. Llegué con la idea de seguir haciendo cortos de ficción, sin embargo, a nivel laboral sólo había trabajado en documentales. Uno de los primeros ejercicios propuestos en el máster pues fue realizar una especie de retrato documental, algo a lo que me opuse de salida, pues quería invertir mis energías en hacer algo de ficción, pero en clase no sentó bien y un profesor, Tibaldi, me ridiculizó un poco, arremetiendo contra mi actitud: me dijo que, si no era capaz de encontrar a una persona sobre la que hacer un corto documental en una ciudad como Nueva York con 8 millones de habitantes, pues que mejor hiciera las maletas. Así que me fui a jugar al ajedrez a Union Square, que es algo que me gusta hacer, aunque soy muy malo, y ahí conozco a Saravuth. Le gané una partida y me regaló un CD con su música y al día siguiente ya fui a preguntarle si podía hacerle un seguimiento con la cámara. Luego el corto quedó bien, aunque mención especial a mi amigo Ougie Pak, que me estaba llevando a casa en coche y me dijo que ese día era el deadline para enviar cortos a Sundance. La inscripción valía como 60 pavos y yo con el escueto estipendio de la beca, sin trabajo y sin ahorros pues le dije que no iba a tirar ese dinero a la basura, que cada año recibían como 8000 cortos y seleccionaban 50. Lo sabía además porque me había leído el libro “How not to make a short film” de una de las programadoras de Sundance, Roberta Monroe, que contaba lo difícil que era que te seleccionaran. Pero mi amigo aparcó, subió a casa y me dijo que no se piraba hasta que mandáramos el corto, e incluso se ofreció a pagar él la inscripción. Así que le debo mucho a él, a mi tutora Chantal Akerman y a Tibaldi, que es el profesor que me ridiculizó para que hiciera el ejercicio. Luego en noviembre, este mismo profesor me invitó a su casa para la cena de Thanksgiving, y allí recibí una llamada. Por aquel entonces mi inglés era pésimo y entender lo que me decían al otro lado del teléfono me costaba mucho: recuerdo que me apretaba el móvil así en la oreja con fuerza, pensando que eso igual ayudaba a entender lo que me decían, pero acabé pasándole el teléfono y luego al colgar me explicó: “el corto que no querías hacer ha sido seleccionado en Sundance”. Fue una gran noticia, por haber sido seleccionado sin conocer a nadie y viniendo de la familia trabajadora de la que venía. A partir de ese momento pues creo que igual lo de Sundance algo ayudó, igual que lo de la nominación a los Oscar de estudiantes, pero tampoco mucho: estamos hablando de 2012 y mi primer largometraje de ficción no lo ruedo hasta 2022, por ejemplo, con muchas negativas por parte del ministerio con otros proyectos, y no sólo del ministerio. Lo que quiero decir es que hay que seguir trabajándoselo, que nadie te regala nada por haber sido seleccionado en Sundance. En 2014 tuve una nueva selección con “Godka Cirka” que literalmente arrasó en festivales (y que incomprensiblemente no fue nominado a los Goya). Ahí sí que creo que pudo influir que fuera alumni de Sundance, pero a partir de ese año pensé que mi relación con Sundance pues ya había acabado, ya que no me volvieron a seleccionar nada, ni cortos, ni los largos documentales (aunque nos apoyaron con dinero para realizar uno de ellos), ni las ficciones (hablo de la que escribí y de la otra que dirigí). La sorpresa fue cuando en noviembre del año pasado me escribieron para seleccionar “La Gran Obra”, 10 años después de la última vez que estuve en Utah. Sobre la importancia que creo que tiene, pues en Estados Unidos es toda una institución y llegar con un corto a Sundance, para el cineasta que empieza y quiere dedicarse a esto en USA, pues es uno de los mayores logros, o así me lo han hecho saber. Este año recibieron más de 12000 cortos y seleccionaron 53, así que las posibilidades de que te seleccionen rondan el 0.5%, y las de ganar el certamen pues ya son de risa, y más este año, cuando Malia, la hija de Obama, o Alexandra Hedison, la mujer de Jodie Foster, estaban allí presentando sus respectivos cortos.

La lucha por una nominación al Oscar
CCE: Con ‘La Gran Obra’ calificada para los Oscars de 2025, ¿cómo afrontas la posibilidad de una nominación?
Lora: Pues esa posibilidad la afronto como algo real, que puede suceder, pero que hay que trabajarla. En contra de lo que muchos creen, no sirve el pensar que el corto ya está hecho y que seguirá su camino, predestinado casi desde que se ha escrito el guión. No, para nada. Hay mucho trabajo detrás, y no hablo sólo del que va desde que está escrito hasta que se da al export del máster, que también, pues de ahí sale la obra, del talento de todo un equipo, que al final es lo más importante. Me refiero a lo que hay que hacer después, cuando tienes un buen producto. “Hacerlo bien y hacerlo saber” es básico: distribuirlo, que es un trabajazo que está haciendo Eduardo en Mailuki Films por amor al arte, como aquel que dice… Luego pues hay que ir a festivales, con todo lo que eso implica, tanto a nivel económico como de tiempo, pues a los festis les gusta que vayas. Si eso influye a la hora de otorgar un premio, pues quiero pensar que no, pero las fotos dan que hablar y a los festis les gusta que estés ahí. También hay que hablar con programadores, conocer a gente de la industria, académicos, hacer relaciones públicas, prensa, crear sinergias, alianzas y buscar apoyos. Todo eso crea “momentum”. Forma parte de la “política del corto” que es una parte real e igual de importante en nuestro trabajo, y quien no lo quiera admitir creo que se equivoca. Al final, votan unos académicos que no dejan de ser personas, y aunque los gustos son subjetivos, podríamos pensar que a nivel sociológico hay tendencias. No estamos aislados y hay todo un contexto que sugestiona. La prueba es que hay cortos excelentes que no llegan al shortlist porque no han querido hacer el trabajo a posteriori, o porque no han podido hacerlo por falta de recursos. Como digo, me pasó a mí con Godka Cirka, que pese a ser el cortometraje documental más premiado del año en 2014, no fue ni nominado a los Goya. Igual tampoco lo conseguimos con La Gran Obra, pero sí que quiero pensar que, si no lo hacemos, pues que habremos hecho por lo menos todo lo posible, dentro de nuestras posibilidades, que son muy limitadas. Hay cortos que tienen detrás a toda la maquinaria de Netflix, HBO, Condé Nast o The Times, gastando miles de dólares en publicidad y campaña. En este sentido, me gustaría poder sumar a más gente al proyecto, pero es complicado, pues para algunos productores puede parecer injusto que otros se sumen cuando el corto está acabado, diluyendo su labor. Yo no lo veo como usurpación u oportunismo, si no como algo necesario para hacer crecer el proyecto. Son créditos que se otorgan a modo celebratorio y no les quita l mérito a los productores que levantaron las primeras subvenciones. Pero cada uno tiene su opinión y tampoco puedo presionar más allá de los límites para que todo vuele por los aires. Conozco un montón de casos en los que, desde el momento en que un corto empieza a ser exitoso, pues empiezan también los malos rollos… Quizás es algo muy español, lo de las envidias, egos, crear bandos o dispararse en el pie… a mí me parce de pensamiento pequeño, y el americano es mucho más práctico: la mentalidad es “si tú ganas, yo gano”. Pero encontrar consensos no es fácil, aunque en todos los casos creo que la oportunidad de llevar al corto español a una nominación a los Oscars debería estar por encima, pero no todos los equipos lo ven así. Para mí, poder representar al corto español en los Oscars sería el mayor orgullo.
CCE: Con logros como el tuyo, el cortometraje español sigue ganando visibilidad en el escenario global. ¿Qué crees que diferencia al cortometraje español de otras cinematografías y cómo puede mantenerse esta tendencia ascendente?
Lora: Gracias, pero al final el logro no es mío, es de todo un equipo. El director es la cabeza visible, la del márqueting, pero hay mucha gente detrás que espero que también se sienta muy orgullosa de lo que hemos hecho. El corto es tan mío como de los actores, del creador de la idea, del director de foto, del productor, de los coproductores asociados, de la figurinista, de los eléctricos y de los que lo están apoyando como pueden ahora mismo en el circuito. Creo que como equipo tenemos que estar muy orgullosos de nuestro trabajo, y a nivel estatal me parece que tenemos una cantera maravillosa que no tiene nada que envidiarles a otras cinematografías. España tiene una tradición cultural tan rica como diversa y un talento enorme. Creo que el cariño y el cuidado que los equipos depositan en cada cortometraje es algo muy remarcable en nuestro país. Quizás el deseo de hacer películas es tan grande, tan fuerte, y a veces la posibilidad es tan pequeña, tan remota, que los cortos se benefician de toda esa maravillosa energía canalizada y de ese buen saber hacer. No sé si en el caso de que fuéramos un país que invirtiera muchísimo más en cine, donde chicas y chicos de veintipocos tuvieran oportunidad de poner toda su pasión en hacer largometrajes, si los cortos serían tan buenos, la verdad, quiero pensar que sí. Pero también creo que quizás es un efecto colateral de lo difícil que es hacer películas en este país. A lo mejor se frustran las opciones de hacer largometrajes, pero la pasión y el deseo no mueren y convergen en cortometrajes de mucha calidad, por eso es tan importante seguir apoyando al cortometraje. Además, es que, desde la trinchera, pues yo no le veo la diferencia: es cine igual. Es más, hacer un buen cortometraje es mucho más complejo que hacer un largo. La única diferencia es que el corto está considerado, por las razones que sean, como un género menor. Pero es que es fruto de algo tan aleatorio como es el mercado… Imaginemos un mundo alternativo donde lo que es “mejor” es saber economizar y sublimar el cine en tan sólo 10 ó 20 minutos, y donde los largometrajes son esas “obras menores” de todos aquellos que están aprendiendo aún a llegar a esa “excelencia” que significa la brevedad y condensación del cortometraje. Podría haber sucedido, o incluso pasar en un futuro –donde la tendencia es la falta de atención de la audiencia, así como la necesidad de crear contenido más corto- que estas variables, junto con otras, hicieran del cortometraje el producto estrella ¿Por qué no? Ahora parece que estamos virando hacia las series, así que quién sabe lo que nos depara el futuro.
El cortometraje: Una forma de arte con futuro
CCE: En tu carrera has dirigido y producido varios cortometrajes que han sido reconocidos tanto en España como en el extranjero, también te has estrenado en el género documental con gran éxito, y el año pasado debutaste en la dirección de tu primer largometraje ‘Unicornios’. ¿Qué crees que distingue al corto como forma de arte en comparación con el largometraje? ¿Qué potencial tiene esta forma de narrativa en la industria cinematográfica española?
Lora: Así es, si ponemos el corpus de mi obra en una balanza, pues soy mayormente un cortometrajista. Sobre las diferencias, pues depende del tipo de documental y del tipo de largo de ficción que quieras hacer, porque a la hora de rodar, se pueden utilizar estándares parecidos a los del corto en los dos, tanto si optas por grandes equipos y presupuestos, o si por el contrario lo planeas todo para hacerlo de forma más independiente. A nivel narrativo, pues creo que también depende de lo que quieras contar. Pienso que hay largos que no deberían ser largometrajes o historias en cortos que quizás no funcionan en ese formato. No sé si hay algo distintivo en el corto como forma de arte que no podamos encontrar también en una obra más larga. Quizás el concepto de economía narrativa puede llevarnos a ser más precisos, o a realizar obras más poéticas, simbólicas o que tiendan a la experimentación, con un impacto emocional más inmediato. Sobre el potencial en la industria, pues ya hemos visto que es clave, partiendo de la base de que es la plataforma por excelencia para nuevos talentos. Luego pues el hecho de que sea accesible para todo tipo de cineastas creo que fomenta la diversidad cultural, pues cada cual puede exponer su visión sin presiones y sin estar sujetos a las exigencias del yugo comercial. Esto desemboca en muchos casos en innovación, en un contenido más fresco y variado que muchas veces los largometrajes no pueden ofrecer.

Un sector que necesita apoyo urgente
Resulta paradójico tanto premio internacional cuando somos el único país de nuestro entorno que no cuenta con un organismo público dedicado en exclusiva al sector del cortometraje, como tienen Francia, Alemania, Italia, Portugal y Bélgica. Otros países cuentan con departamentos especializados (Irlanda, Holanda, Suecia, Noruega, Croacia, Eslovenia, Lituania) y todos ellos se unen en una red europea de agencias del cortometraje en la que España no tiene representación oficial.
Todos estos países han comprendido la importancia de un formato fundamental en estos tiempos. Desde los nuevos soportes educacionales en píldoras de vídeo hasta el marketing o las redes sociales, todo es audiovisual y además predomina el formato corto. Manejar los códigos, el lenguaje y las herramientas resulta vital. Pero es que, además, el cortometraje supone la puerta de entrada a la profesión, es la escuela y la cantera. No podemos descuidar los cimientos de nuestra industria cuando la demanda de contenido audiovisual en castellano no para de crecer en un mercado globalizado que bien podríamos liderar.
CCE: El cortometraje a menudo enfrenta grandes desafíos, desde la financiación hasta la distribución. Como director y productor con experiencia, ¿cuáles dirías que son los mayores obstáculos que enfrenta el sector del cortometraje en España actualmente? ¿Cómo crees que podrían superarse?
Lora: Creo que uno de los mayores escollos es el que comentábamos anteriormente. Hay una falta de prestigio y valoración hacia el medio. Esto es muy difícil de cambiar. Se ve sólo como un trampolín hacia el largometraje y no algo con su propio valor artístico y cultural. No sé muy bien cómo se puede cambiar esto, la verdad, pero las nuevas plataformas creo que podrían ayudar mucho si tomaran ciertos riesgos. El resto de problemas se derivan de este: hay poca financiación, no hay visibilidad, no hay infraestructura ni apoyos, mucha gente incluso los entiende como un hobby y que los hacemos por amor al arte. En parte es cierto, y más si tenemos en cuenta lo que representa para el cortometrajista. A nivel económico no es sostenible. En el caso de “La Gran Obra”, sin ir más lejos, todo el mundo ha trabajado sin cobrar nada, pero se han invertido y le sigo invirtiendo, muchísimas horas y dinero, con apoyos en cuenta gotas por parte de algunos amigos (aprovecho para decir que, si hay algún inversor que se quiera sumar pues que me contacte, aunque sólo pueda ofrecerle un crédito de inversor y que me acompañe a algún festival). En muchos proyectos también hay cierta especulación por parte de los productores, que acaparan los beneficios de los premios y las ventas, cuando en realidad ellos no han invertido su dinero, sino que han sido meros intermediarios para conseguir las subvenciones de turno, pero a la postre son los propietarios del producto y deciden lo que hacer con él y como gestionar su beneficio. Los contratos, cuando los hay, son además leoninos, pues entregas tu talento a una empresa –aunque eso también pasa con los largos. Por eso muchos directores acaban siendo productores. Pero eso también puede llevar al mismo lugar, pues sucede que algunos directores, además de la gloria –si es que la hay- se quedan con todo el beneficio de premios y ventas, aunque normalmente sea poco, y no se premia al resto del equipo que ha hecho posible la realización del cortometraje. Es un sector que necesita de estamentos para lidiar con todas estas verdades incómodas y que tienden al abuso.
CCE: Las políticas culturales tienen un impacto significativo en el desarrollo del cine. Desde tu perspectiva,¿qué cambios o mejoras deberían implementarse para apoyar mejor a los creadores de cortometrajes en España?
Lora: Por desgracia mucho tiene que ver con el tema económico. Creo que se necesitan más ayudas, ya sea a través de subvenciones públicas, incentivos fiscales, programas específicos, leyes para que los medios de comunicación se involucren… y luego pues mejorar la visibilidad para ayudar a que cambie la valoración y el corto tenga el prestigio que se merece. Invertir más en la distribución e internacionalización, que es algo que no se tiene en cuenta a la hora de plantear los presupuestos y al final suelen ser los directores los que acaban hipotecándose para que el corto sea reconocido. A partir de ahí, pues tener alguna institución de control que incluso ayude a profesionalizar el formato sería interesante. Por otro lado, me pregunto si el hecho de que el corto se mueva en estos escenarios de caos tan absoluto, es algo que, pese al dolor del cineasta, también acaba por influir positivamente en la creación de producciones tan interesantes. Es una cuestión difícil y una pregunta que en verdad no sé responder.
La Coordinadora del Cortometraje Español celebra cada año El Día Más Corto [ED+C], un evento internacional que destaca el formato corto en el solsticio de invierno (21 de Diciembre). Es nuestra manera de darle una mayor visibilidad al valioso cortometraje español. Ese día, simultáneamente, se celebra la fiesta del cortometraje y se realizan proyecciones públicas en numerosos lugares, con miles de espectadores en toda España. Desde colegios, bibliotecas, hospitales, centros culturales, etc. Cualquier persona de la calle puede convertirse en embajador de nuestros apreciados cortometrajes.

CCE: En los últimos años, ¿cuáles crees que han sido las reivindicaciones más importantes del sector del cortometraje en España? ¿Qué avances se han logrado y cuáles aún están pendientes según tu opinión?
Lora: Es complicado y no sé muy bien qué responder tampoco. Había una época en la que los festivales e instituciones ayudaban mucho más a los cortometrajistas. Creo que eso ya se acabó. Por otro lado, creo que hay más acceso a las ayudas que antes… nosotros nos presentamos en varias ocasiones con Inicia Films, cuando Valérie todavía no era tan conocida y sólo sacamos una pequeña ayuda una vez, igual ahora parece que hay más posibilidades, pero quizás me equivoco. Sea como sea, sigue habiendo un escoyo económico y la precariedad es bastante patente. Exceptuados casos contados, el dinero que se levanta creo que no da para remunerar al equipo, hacer la producción y plantear un plan de distribución y márqueting con cara y ojos. Simplemente los números no salen. Pero es lo que hay, hasta “La Gran Obra”, todos mis cortos habían sido de guerrilla, de presupuesto cero, como aquel que dice. Pero si los que mandan quieren seguir considerando al corto como un trampolín hacia el largo, pues entonces deberían poner más recursos para que los cineastas que empiezan puedan aprender también a lidiar con equipos más grandes y profesionales y que no se encuentren desubicados luego. Creo que queda tanto por hacer que no sabría ni por dónde empezar.

CCE: Eres un cineasta con diversidad funcional que ha logrado superar numerosos desafíos en la industria. ¿Cuáles son los obstáculos más comunes que enfrentan los cineastas con estas diversidades funcionales en España, y cómo puede el sector del cortometraje ser más inclusivo?
Lora: Mira, perdón por decirlo así, pero ser discapacitado es una mierda, y no sólo para nosotros, también para los demás, los “normales”. En cualquier ámbito sufres algo de abuso, no te libras, pero en el mundo de la cultura a veces es muy palpable, o al menos así lo veo yo, o es lo que he experimentado. Tampoco quiero victimizarme porque no me va, e igual también he tenido experiencias muy bonitas, pero sobre las malas pues no sé ni por dónde empezar, porque me las he visto de todos los colores, en situaciones diversas, casi todas relacionadas con la desconfianza. Tampoco creo que fomentar el tema de las ayudas a cineastas con diversidad funcional sea la solución, porque casi sin haberlas ya hay quien te acusa de que te estás aprovechando y que la discriminación positiva es una realidad. A mí me han dicho sin tapujos que me han dado una beca Fulbright porque me falta un brazo, o que ahora los festivales funcionan por cuota y que por eso he entrado y ganado Sundance, porque les interesa la foto del discapacitado de turno con el premio, por ponerte un par de ejemplos al vuelo. Supongo que es la misma gente que me pita en la carretera por conducir más lento debido a mi discapacidad o los que me apresuran o me apabullan cuando me quedo bloqueado, sin ni siquiera cuestionarse si es que me pasa algo, pues parte de mi discapacidad no se ve. Todo esto te genera mucha ansiedad, y en muchas ocasiones acabas por ponerte mucha presión sobre ti mismo. Ahora ya lo he superado un poco, pero antes me autoexigía muchísimo, para demostrar que, pese a que dijesen esto o lo otro, podía ser igual o mejor que los demás. Eso es un grave error, no habría que tener que demostrarle nada a nadie, pero la realidad no es tan ideal. Luego además hay algo que es muy tangible: el discapacitado es por excelencia un ser “diferente” y por lo tanto “sospechoso”. Hay mucha gente que ni siquiera se da cuenta, pero que de manera inconsciente no confía en ti… y tampoco vas a estar recordándoles quién eres, lo que has logrado o por qué estás en un puesto de responsabilidad. Necesitas justificarte porque eres sospechoso. En el mejor de los casos, cuando la voluntad no está ahí, también se piensan que necesitas “ayuda” –porque claro, “no puede”, y en el peor de los casos pues se piensan que lo vas a hacer mal, porque si a la gente normal le cuesta, pues a este que tiene taras… hay mucha gente que ni siquiera lo hace de forma consciente. En alguna producción lo he pasado fatal por este tema. Seguro que muchos ni se dieron cuenta, pero ha habido una falta de empatía, de profesionalidad, de tacto, de mala educación y de egoísmo tan grande, un abuso tan injusto, que en más de una ocasión pensé en dejar la producción… pero tienes que andar con cuidado porque si explotas y pierdes los papeles, pues ya pasas de “sospechoso” a “culpable”. Pero si algo tiene de bueno ser discapacitado es que eres muy resiliente y aprendes a no quejarte y a seguir adelante, deseando no volver a trabajar con según quien y ya está. También te digo que hay diferencia entre trabajar en España y en Estados Unidos, donde, me sabe mal decirlo, pero creo que hay mucho más respeto que en este país. En el caso de del sector del cortometraje, quizás al estar libre de presiones pues todo sea más fácil. No voy a pedir que se incrementen las ayudas para los cineastas con diversidad funcional. y tampoco quiero que nos victimicemos, pero la realidad es que hay barreras, estigmas, prejuicios, falta de concienciación, e incluso una utilización indebida de ciertas narrativas, pues a veces te tokenizan.
CCE: Como sabes, las actuales reivindicaciones de la Coordinadora se centran en tres avances importantísimos: la creación de un organismo estatal del cortometraje, similar a los que ya existen en Francia o Portugal; la obligación por ley de que el 1% del presupuesto de las televisiones públicas, privadas y plataformas financien cortometrajes (dentro del 5% que están obligadas a aportar al Cine Español desde 2004); y que la Academia de Cine reconozca la potencia mundial del cortometraje español otorgándole su propia especialidad y la posibilidad de que los cortometrajistas también tengan acceso a ser Académicos, tras cumplir ciertos criterios. ¿Cómo crees que deberíamos afrontar estos retos? ¿Qué podemos aportar entre todos para avanzar en esta dirección?
Lora: Pues se me ocurre que hay que crear alianzas con todos esos otros organismos que ya existen en otros países para empezar a hacer presión, también desde fuera, hasta que estemos a la par aquí en España, involucrando a todos los profesionales posibles, pero también a aquellos que tienen mucho peso mediático. También creo que cada vez que haya la posibilidad de que un corto aspire a llegar a lo más alto, pues que habría que apoyarlo mucho más. Yo no lo veo tan difícil. Desde el momento que un corto gane un festival de clase A, ya sea Cannes, Berlinale, Venecia, Sundance, SXSW, Locarno o Toronto, pues deberían existir los mecanismos estatales para apoyarlo con todo, como sucede en otros países, también económicamente, por supuesto, para poder realizar una campaña internacional como Dios manda, y ver si puede llegar a estar nominado en los Oscars. No creo que suceda muy a menudo el hecho de que haya dos o tres cortos españoles que ganen a la vez, durante el mismo año natural, varios festivales de clase A. Ojalá se dé en el futuro, pero de momento, y mirando hacia atrás, estamos hablando de un corto en esta posición cada dos años más o menos, entonces hay que apoyarlo. Pienso que, si hubiera una asociación con fuerza, pues quizás podría presionar al departamento de cultura, o poner las herramientas para que llegáramos mejor preparados, así como la conexión con medios de comunicación para promocionarlos, etc. Seguro que les ha pasado a otros compañeros en el pasado, pero la verdad es que yo me encuentro muy solo en esto, básicamente con el apoyo de Mailuki en la distribución e intentando reunir a otros para que nos echen una mano. Incluso me estoy planteando hacer un crowdfunding para recaudar fondos y poder hacer más acciones, pues es muy difícil competir con lo que tenemos a día de hoy. Por no hablar ya de lo que significaría a nivel internacional para la Academia en USA que gente como Banderas, Bardem o Almodóvar pues apadrinaran a este tipo de cortos. Significaría mucho, y seguro que ir de la mano de figuras mediáticas tendrían un peso extra que ayudaría al cortometraje español en general.
CCE: Como socio destacado de la Coordinadora del Cortometraje Español, y como alguien que ha logrado tanto en el ámbito del cortometraje, ¿qué rol consideras que juega la Coordinadora en la promoción y defensa del cortometraje? ¿Qué importancia tiene para cineastas emergentes formar parte de esta organización?
Lora: Pues lo que comentábamos, debe representar a los cortometrajistas y defender sus intereses; fomentar la visibilidad y reconocimiento del cortometraje; crear sinergias (como por ejemplo lo que decía de conectar a los cineastas emergentes con otros consagrados, así como con medios de comunicación); apoyar a los ganadores de festivales de clase A que surjan durante el año natural, pues serán los mejores embajadores a nivel internacional; ayudar con el acceso a la financiación, e incluso crear alianzas con el sector de la formación. Los cineastas emergentes podrían beneficiarse en el futuro de todo el trabajo que la coordinadora ha hecho apoyando a otros cortometrajistas en el pasado, para asegurarse un mayor apoyo y éxito, y no ir tan perdidos como nos ha tocado estar a algunos durante nuestras carreras.

Por eso, exigimos que se revise el marco legal actual para que, de la aportación de televisiones y plataformas, haya al menos un 1% destinado al cortometraje, como vienen reivindicando todas las asociaciones y federaciones de productores, entidades de gestión y demás asociaciones y entidades de la industria del cine, sin que nadie haya atendido su petición.
