Manuel Castillo Huber, cineasta de origen germano-chileno, y socio de la Coordinadora, ha logrado posicionarse en la escena cinematográfica española con su último cortometraje El Monstruo de la Fortuna. Este trabajo, ambientado en la España de 1635, explora el intercambio de ideas y tensiones entre la reina Isabel de Borbón y el dramaturgo Calderón de la Barca. La historia, que sutilmente examina la censura, el poder y las ambiciones personales, ha capturado la atención de críticos y ha sido premiada en el Festival de Cine de Astorga y como mejor dirección en la Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid. Ahora, en una emocionante oportunidad, El Monstruo de la Fortuna está preseleccionado para los Goya 2025, lo que destaca su relevancia tanto en temas como en la calidad de producción.
1. Manuel, cuéntanos qué te inspiró para crear El Monstruo de la Fortuna y cómo nació la idea de explorar un momento histórico tan específico entre Isabel de Borbón y Calderón de la Barca.
El Monstruo de la Fortuna es la primera producción de La Sierra Produce, la productora que fundé junto a Ramón Salazar. Desde el principio, queríamos hablar sobre personajes o historias que han sido silenciadas. Cuando llegó a nuestras manos el guion de la reina Isabel de Borbón, escrito por César Farah, supimos que era el punto de partida perfecto para nuestra productora y la vez una oportunidad para rendir homenaje a todas las mujeres silenciadas en el arte a largo de la historia. Isabel de Borbón es una figura fascinante, de la que se sabe muy poco y que vivió durante el Siglo de Oro, una época que ha sido poco explorada en el cine. Las anécdotas y los sucesos en esa corte son increíbles y dan para varias películas o una serie de televisión.
2. El cortometraje ha sido elogiado por su enfoque en temas contemporáneos como la censura y las dinámicas de poder. ¿Qué mensajes clave querías transmitir al público moderno a través de esta historia?
El mensaje que quiero dejar con El Monstruo de la Fortuna es claro: no podemos olvidar el pasado ni de dónde venimos si realmente queremos avanzar. Muchas veces damos por sentadas cosas que no siempre estuvieron garantizadas, la igualdad, la posibilidad de vivir nuestras identidades o sexualidad libremente. Mirar hacia atrás no es solo un ejercicio nostálgico; es un acto de conciencia, es entender que los errores del pasado pueden repetirse si los ignoramos.

3. Lograste una ambientación y atmósfera históricas de gran realismo. ¿Qué desafíos enfrentaste durante la producción para recrear la España del Siglo de Oro?
En nuestras visitas al Museo del Prado, entre las pinturas del siglo XVII encontramos las claves necesarias. Los cuadros de Velázquez, en particular, no solo nos ofrecieron una luz fascinante para la fotografía, sino también un entendimiento más profundo del barroco, de su riqueza y de su carácter. Esa atmósfera nos inspiró no solo en la estética, sino en cómo abordar el espacio, que debía convertirse en un personaje más dentro de la historia.
El Hospital de Tavera, donde rodamos, fue esencial para esta recreación. Su arquitectura barroca no solo evocaba la época, sino que tenía esa oscuridad y profundidad que buscábamos. Además, pudimos contar con algunos muebles originales que eran propiedad de la localización. Sin embargo, el mayor desafío fue transformar el dormitorio de la reina. No queríamos que fuera simplemente un lugar de descanso, así que lo deconstruimos y lo convertimos en su estudio de trabajo: un espacio íntimo, casi secreto, donde ella se encerraba para crear su gran obra.
4. En cuanto al reparto, ¿cómo trabajaste con Raúl Prieto y María Olga Matte para construir la tensión y las complejidades de sus personajes?
Le propuse a los actores ensayar este proyecto igual que una obra de teatro, y durante cuatro semanas trabajamos intensamente con ejercicios, análisis de texto e improvisaciones. Lo esencial era traer esa época al presente, hacer que la historia, aunque transcurra en 1635, se sintiera moderna y cercana, sin perder el protocolo de la época.
La química entre Raúl Prieto y María Olga Matte fue instantánea, lo que hizo que el proceso creativo fuera fascinante y fluyera desde el principio. Nos sumergimos en una máquina del tiempo, explorando cómo crear nuestra propia versión de esta reina y de este Calderón, navegando en esa fina línea entre el protocolo y la intimidad, entre lo que no se dicen pero que claramente se siente entre ellos. Buscamos en el juego del poder y en sus deseos más ocultos. Nos preparamos durante esos ensayos para llegar al rodaje con libertad y alerta ante cualquier cosa que pudiera surgir.

5. Tu cortometraje recientemente ganó el Premio al Mejor Guion en el Festival de Cine de Astorga. ¿Qué significa para ti y para el equipo este reconocimiento en el camino a los Goya?
Este proyecto nació como una sinergia con artistas chilenos, la actriz María Olga Matte y el guionista César Farah. Desde el primer momento que leí el guion, quedé fascinado por la inteligencia y la capacidad de César para recrear la época con tanta precisión, profundidad y escribir un texto tan exquisito.
Cada reconocimiento que estamos recibiendo, cada premio, es un motivo de gran satisfacción para todo el equipo, que ha estado involucrado y comprometido durante tanto tiempo. Han confiado plenamente en llevar esta historia adelante, y ver cómo esos esfuerzos están siendo reconocidos es una confirmación de que seguir nuestro impulso y nuestra intuición fue la decisión correcta.
Además, la carrera de los Goya nos ha abierto puertas para que el cortometraje llegue a un público más amplio. Al final, eso es lo más valioso de un premio o un reconocimiento: permitir que la película conecte con más personas. Desde los ensayos con los actores, la fotografía, pasando por el montaje o la música, cada decisión que tomé como director fue pensando siempre en el espectador.
6. Explorar un personaje como Calderón, que es tan icónico, y darle esta faceta humana debe haber sido un reto. ¿Cómo abordaste esta dualidad de su carácter?
Calderón fue un personaje fascinante, con una vida llena de contrastes: fue militar, dramaturgo y terminó sus días como cura. Todos esos matices estaban implícitos en el guion. El arco de Calderón, desde que entra en esa habitación hasta el desenlace del cortometraje, es increíblemente complejo. Pasa por una gama de estados muy diversos que requerían de un actor con la sensibilidad y la inteligencia como la que tiene Raúl Prieto. Tener a Raúl en el papel de Calderón fue, sin duda, el gran acierto. Él no solo encarnó al personaje, sino que lo dotó de humanidad y un agudo sentido del humor. Encontramos un equilibrio muy fino que se fusionaba perfectamente con la reina. Raúl es un actor generoso y exigente, algo que me gusta porque me pone en un estado de alerta que me permite ver más allá y descubrir cosas nuevas que me permiten crecer como director.

7. Sabemos que la música y la fotografía también son componentes esenciales en El Monstruo de la Fortuna. ¿Cómo se sumaron estos elementos a la narrativa y atmósfera de la película?
La fotografía era un pilar fundamental para querer contar una película de época. Desde el inicio, el trabajo de Almudena Sánchez fue meticuloso. Durante las visitas al Museo del Prado que comentaba antes, descubrimos que la iluminación de nuestra localización coincidía con el cuadro de las Meninas, lo que se convirtió en el punto de partida para diseñar la luz. Este proceso no se limitó al rodaje, sino que se extendió durante meses en la posproducción de color, buscando esa textura cinematográfica que conectara con el siglo de oro.
Por otro lado, la música también fue clave. Decidí prescindir del piano, ya que no era propio de la época, y ser fiel al contexto histórico utilizando instrumentos como la viola de gamba y la guitarra barroca. Fue entonces cuando descubrí a Enrique Pastor, un músico excepcional que daba conciertos en la casa de Lope de Vega (el gran rival de Calderón de la Barca, por cierto). Enrique compuso piezas que capturaban la esencia del siglo XVII, pero sentí la necesidad de acercar esos sonidos al espectador actual. Para ello, Belén Vivas hizo unos arreglos brillantes, incorporando música electrónica que unía el barroco con algo más contemporánea. Nuestra necesidad era permitir que el espectador pudiera conectar la historia y con nuestra reina desde el primer instante.
8. Finalmente, ¿qué expectativas tienes en cuanto a la preselección para los Premios Goya y qué crees que esta nominación potencial podría representar para el futuro del corto?
En mi caso, es la primera vez que participo en este tipo de preselección y aunque me siento respaldado por el público y profesionales de la industria que han formado parte del proyecto, reconozco que es un proceso intenso y lleno de incertidumbre hasta el final. Sin embargo, independientemente de ganar o no, siento que la película ya está encontrando su lugar y conectando con el público. Todo lo que hemos vivido hasta ahora gracias a esta carrera, los viajes de promoción a diferentes países y ciudades, los encuentros o las sinergias que vas formando con otras personas ya son una satisfacción y un impulso para seguir contando nuevas historias.
